El consumo de sustancias como intento de regulación
- JUAN CARLOS REZA BAZAN

- 29 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 30 dic 2025
Una lectura desde la Terapia Gestalt y Gianni Francesetti.

Hablar de consumo de sustancias suele hacerse desde el juicio, el diagnóstico o la moral. En esos discursos, el consumo aparece como el problema central, algo que hay que eliminar o corregir. Sin embargo, desde la Terapia Gestalt (TG), y particularmente desde los aportes de Gianni Francesetti, el foco se desplaza: el consumo no se entiende como una falla individual, sino como un intento de regulación cuando el campo se vuelve insoportable.
Esta mirada no justifica el daño, pero humaniza la experiencia y abre posibilidades reales de transformación.
El síntoma no está en la persona, está en el campo
Francesetti insiste en que el sufrimiento psíquico no puede comprenderse aisladamente dentro del individuo, sino como una configuración del campo organismo–entorno. El síntoma es una expresión relacional, una respuesta creativa ante un campo que, en determinado momento, no ofreció sostén suficiente.
Desde esta perspectiva, el consumo de sustancias puede leerse como una respuesta de regulación frente a:
una intensidad emocional excesiva,
una falta de reconocimiento,
un entorno vivido como invasivo o ausente,
o la imposibilidad de expresar necesidades legítimas.
No se consume porque “algo esté mal” con la persona, sino porque el campo no permitió otra forma de contacto.
Cuando la energía no puede ir hacia afuera
En TG, hablamos de interrupciones del contacto para nombrar los modos en que la relación con el entorno se ve obstaculizada. Una de ellas es la retroflexión, que ocurre cuando la energía que debería dirigirse hacia afuera —decir, pedir, poner límites, confrontar— se vuelve hacia el propio organismo.
En muchos cuadros contemporáneos, el sufrimiento se organiza alrededor de formas de auto-regulación cerradas, solitarias, sin el otro. El cuerpo entonces hace consigo mismo lo que no pudo hacer en la relación. El uso de sustancias puede ocupar ese lugar:
anestesiar lo que no pudo decirse,
calmar una agresividad inhibida,
sostener una excitación que no encontró salida,
apagar una ansiedad que no fue contenida en el campo.
Aquí, la sustancia no es el origen del problema, sino el medio.
El consumo como ajuste creativo que se rigidizó
Desde la TG, ningún síntoma aparece “porque sí”. En su origen, suele haber un ajuste creativo: una forma inteligente —aunque costosa— de sobrevivir emocionalmente a un campo difícil. El problema surge cuando ese ajuste:
pierde flexibilidad,
se repite automáticamente,
se vuelve la única vía posible de regulación.
El sufrimiento aparece cuando el campo se empobrece y la experiencia se reduce. El consumo, en este sentido, no amplía la vida; la estrecha.
Jóvenes y consumo
En personas jóvenes, el consumo suele cumplir una función muy específica: regular intensidad. Por ejemplo, con personas entre los 20–30 años, su vida está cargada de energía, deseo, frustración, búsqueda de identidad y pertenencia. Cuando no hay espacios donde todo eso pueda ser reconocido y simbolizado, el cuerpo busca atajos. No para destruirse, sino para poder seguir.
Comprender esto es clave para no reforzar la culpa ni la vergüenza, emociones que, paradójicamente, sostienen el circuito del consumo.
El trabajo terapéutico: del auto-soporte al contacto
Desde esta mirada, el objetivo del proceso terapéutico no es “quitar la sustancia” de entrada, sino ampliar el campo para que otras formas de regulación se vuelvan posibles. Esto implica:
ofrecer una relación donde la experiencia pueda ser sostenida,
recuperar la agresividad sana dirigida hacia afuera,
transformar la culpa en responsabilidad,
devolverle al cuerpo la posibilidad de contactar sin anestesia.
La cura no ocurre dentro del individuo, sino en un campo relacional suficientemente vivo.
Entender antes de cambiar.
Mirar el consumo desde la TG no significa minimizar sus consecuencias, sino entender su función. Solo así el síntoma puede perder su necesidad.
Cuando hay más contacto, más presencia y más sostén, el consumo deja de ser la única solución disponible. No porque alguien lo controle mejor, sino porque ya no lo necesita del mismo modo.




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